La Superior abrió en 1924 en la esquina de Vicente Guerrero y Ruperto Martínez, frente al Mercado Juárez, y de ahí no se ha movido. Esta página reúne lo que se sabe de esos cien años: quién la fundó, quién repartía el pan, cómo era el local por dentro y cómo se llamaban los panaderos.
José del Pilar Villarreal González era de Higueras, Nuevo León. A los dieciséis años ya trabajaba en La Favorita, una panadería en Ruperto Martínez y Juárez que era de su tío, don José González —abuelo, por cierto, de la actriz Irma Lozano.
Cuando se independizó rentó una casona que antes había sido escuela, en Guerrero y Ruperto Martínez, y ahí puso La Superior. La fórmula del arranque era simple y era la buena: pan caliente recién hecho, tres veces al día, y reparto a domicilio. Eso fue lo que la hizo.
El 1 de mayo de 1938, Jesús Montemayor González llegó también desde Higueras a trabajar aquí. Desde 1947 quedó a cargo del reparto en los comercios del primer cuadro de Monterrey.
Empezó en bicicleta, y aprendió a llevar el canasto lleno de pan sobre la cabeza. Cuando las ventas crecieron pasó a una Chevrolet panel 1943, verde, con el nombre de la panadería pintado en los costados.
Su jornada iba de las cuatro de la mañana a cerca de las nueve de la noche, y la sostuvo más de cincuenta años. Trajo a trabajar a sus hermanos Guadalupe y Eduardo, y a su cuñado Salvador Salinas.
En 1970 el socio fundador se retira y se incorpora el hijo mayor de don Chuy, Jesús II; años después, su nieto Jesús III. Son cuatro generaciones con el mismo nombre de pila al frente.
La panadería fue el tronco. Don Pilar, con su hermano Guadalupe y sus sobrinos, fue abriendo negocios a su alrededor, casi todos en las mismas cuadras del centro.
Y los sobrinos siguieron por su cuenta: Raúl Martínez con Mofles Martínez, Roberto Martínez con la cremería y lechería Lagrange, y Jesús Martínez con el restaurante Superior.
El edificio estaba pintado de verde esmeralda y verde turquesa. Se entraba por dos puertas de madera de vaivén, con cuadrícula de cristales, que rechinaban al empujarlas.
A la izquierda había una vitrina mostrador con bolsas de celofán: corazones de nuez, pasas, almendras, coco, piñones. Encima, charolas con leche recocida en bolsitas, traída de Higueras, y paquetes de tamales de carne y de frijol por docena.
A la derecha, estantes tubulares con las charolas de aluminio del pan dulce. Al fondo, los botaderos de madera de donde salían las margaritas y el pan francés.
Eran hornos de adobe y ladrillo refractario, enormes. Los panaderos metían y sacaban el pan por una puertecita, con unas palas largas de madera que se llamaban «remos».
El pan blanco caía a un canasto de carrizo; el dulce, a charolas.
El uniforme era mandil blanco, alpargatas azules y gorrito blanco.
La crónica los recuerda por un rasgo cada uno: Padilla por la sonrisa, Jerónimo por la constancia, Eugenio por la tenacidad.
Fuera del obrador. La casa hacía paseos al Camaján, en la Sierra de Picachos. En algunos festejos tocó el compositor don Antonio Tanguma.
En lo alto de la panadería colgaba un mural al óleo con una escena de pueblo nuevoleonés: el Cerro de la Silla, la Emme y las Mitras. Ese mural existe todavía. Está en el segundo piso de la Taquería La Mexicana, cruzando la calle. Es la misma familia y es el mismo cuadro. Y de ahí se volvió seña de la casa: las diez sucursales de La Mexicana tienen una réplica de ese paisaje pintada en la pared, atrás de la barra. Un cuadro que colgaba en una panadería del centro terminó siendo la identidad visual de una cadena de taquerías.
José del Pilar Villarreal funda la panadería en Vicente Guerrero, esquina con Ruperto Martínez, frente al Mercado Juárez. El local no se ha movido de ahí.
El 1 de mayo llega Jesús Montemayor González, «Don Chuy», desde Higueras.
Don Chuy queda a cargo del reparto de pan en el primer cuadro de Monterrey. Primero en bicicleta, después en la Chevrolet panel verde del 43.
El socio fundador se retira y Don Chuy queda como socio mayoritario. Se incorpora su hijo mayor, Jesús II; años después, su nieto Jesús III.
Fallece Don Chuy. La familia continúa al frente.
La Superior cumple cien años y abre su cafetería ambientada en los años cincuenta y sesenta.









«La Superior, una panadería centenaria», de Leticia Montemayor, cronista emérita de Higueras, N.L. De ahí salen el local de 1960, los hornos, los nombres de los panaderos y el paradero del mural.
El archivo fotográfico es de la familia. Las fechas de la panadería están tomadas del registro de la casa: 19 de noviembre de 1924, que es la que aparece en el logotipo, en la pared del local y en la ficha de Google.